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Hotel Tronador,
historia viva en la Patagonia

Una historia familiar al pie del Tronador

En el corazón del Parque Nacional Nahuel Huapi, a orillas del lago Mascardi y con el imponente telón de fondo del cerro Tronador, la historia del hotel se entrelaza con la de una familia pionera.

Todo comenzó en 1912, cuando Benito Vereertbrugghen —hijo de uno de los primeros médicos de Bariloche, de origen belga— se estableció en el Valle de los Vuriloches, dando origen a un emprendimiento ganadero en una región aún remota y poco explorada.

Años más tarde, en 1929, con la llegada de los primeros viajeros a la Patagonia, Benito, junto a su mujer Clara Runge y su cuñada Hilde, decidió abrir las puertas de su casa y transformarla en un pequeño hotel de montaña.

Un incendio en 1933 obligó a empezar de nuevo. Lejos de ser un obstáculo, marcó un nuevo comienzo: el hotel fue reconstruido en pocos meses en su ubicación actual, consolidando su vínculo con el entorno y su vocación de hospitalidad.

Hotel Tronador

En 1959, José Benito —hijo de Ben y Clara— junto a Beatriz, tomó la posta familiar, impulsando una etapa de crecimiento y renovación.

Décadas después, en los años 80, la siguiente generación sumó una mirada innovadora, incorporando actividades de turismo activo y aventura, en sintonía con el paisaje que siempre fue protagonista.

Hoy, los bisnietos de aquellos pioneros continúan escribiendo esta historia.

El Hotel Tronador sigue siendo atendido por sus dueños, con tres generaciones trabajando en conjunto, sosteniendo el espíritu familiar que lo vio nacer. Más que un lugar para alojarse, el hotel es una casa abierta donde cada huésped es recibido como parte de esa historia. Muchos vuelven, año tras año, generación tras generación.

Y es en ese ida y vuelta, entre relatos compartidos y nuevas experiencias, donde el verdadero legado cobra vida.